Bichín sabe lo que quiere… y yo la quiero a ella ♥♥♥

Sábado por la noche. Volvemos del puerto de Estepona hacia casa. Iris estaba dormida, pero pasando por las lonjas se despierta de buen humor y empieza a charlar.

“Tatatatá!”

Así que aprovechando que de T va la cosa, la miro fijamente y le digo despacito:

“Teeeee-taaaaaa.”

Ella pone cara de concentrada, mueve un poco los labios calibrando la musculatura, y dice:

“Tetaá, jijijijiji.”

Y Jose y yo:

“Jajajaja! ¿Lo has oído? Sí sí, lo ha dicho claramente. Otra vez: teeeee-taaaaa.”

“Tetá, jijijiji.”

Y así 2 o 3 veces más. Eso sí, el domingo no hubo manera de que lo repitiera. Como no hubo manera de que se comiera el puré de patatas y zanahoria, que terminó por su cara, su pijama, y la alfombra, y es que ella quiere su teta. Y a su mamá le dio por el chorizo, que me compré un choripán en la feria medieval, y luego choricillos al vino en un bar que picaban como guindillas, que si luego eructo en casa se desprende la pintura de las paredes…

Aparte: con la mano medio libre que me queda mientras se me duerme a la teta, este fin de semana he preparado unas flores de ganchillo para hacerle unos coleteros a la nena, rojas y blancas como su uniforme de la guardería, y otra azul porque tiene muchos vestidos de ese color. A ver cuándo me acerco a los chinos para comprar unas gomas rojas y pegar las flores.

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