Subiéndome la autoestima

Entro a la oficina.

Ana la mala: “Qué mala cara traes, ¿qué te pasa?”

Ana Lidia: “He visto mi reflejo en la cristalera y me he visto vieja.”

Ana: “Es que eres una vieja. Y encima hoy vienes vestida como una vieja.”

(Vengo con falda vaquera y camisa de lazada al cuello de manga corta.)

A.Lidia: “Esta ropa la compré para venir a trabajar, decíais que no venía bien vestida con las camisetas de Cruzcampo.”

Ana: “Con esa camisa de Betty la fea tampoco vienes bien.”

A.Lidia: “Raúl, ¿parezco vieja?”

Raúl (pasando de todo): “Sí.”

A.Lidia (voz de sorpresa+enfado): “¿Cómo que sí????”

Raúl: “Digo, no.”

A.Lidia: “¿Y con el pelo suelto? Digo, el de la cabeza.”

(Risas. Es un chiste que tenemos ya muy usado en la oficina…)

Ana: “Mira, el jefe de mi novio (trabaja en una empresa de pinturas) restaura frescos medievales, puedo llamarle a ver qué puede hacer contigo. Claro que si te va a dejar como el Ecce Homo, mejor que no…”

Ana: “Y deberías ir al gimnasio.”

A.Lidia: “Pero si de cuerpo me veo bien, lo que me veo vieja es la cara.”

Ana: “¿Tú te has mirado en el espejo?”

 

Con compañeros así, quién necesita más ánimos… 🙂

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