Dando de comer a los doctores

Llevamos más visitas médicas en los 15 últimos días que en los 15 últimos meses.

 

Primero el miércoles 13 de agosto, tras llegar a casa del trabajo, ponerme mi pijama de verano e Iris el suyo (vamos, que se arrancó el uniforme de la guarde y se quedó en bolas), se cayó y se hizo una brecha en la frente. Yo sola en casa, ella sangrando, la cogí en brazos mientras le tapaba la brecha con un pañuelo, haciendo malabares cogí las llaves de casa y su tarjeta sanitaria, y al centro de salud andando en pijama/bolas. Lloró más por los 3 puntos que por el golpe…

 

La noche del lunes al martes, tras despertarse llorando a la 1 y seguir igual a las 3, decidimos ir a urgencias y tenía infección de oído. Entre eso y buscar la farmacia de guardia, no dormí hasta las 5:30. En el trabajo no se dieron cuenta por mis ojeras (las tengo tatuadas desde que soy madre) sino porque me dormía sobre el teclado del ordenador. Por si acaso había enviado un whatsapp a mi jefe desde urgencias a las 4:30 para que estuviera prevenido (y ya que yo no duermo, si despierto a alguien parece que el sufrimiento es menor, por esos mis amigas apagan el móvil o lo ponen en silencio por las noches, se cansaron de mis mensajes a las 3 de la mañana…).

 

Y en mi primer lunes de vacaciones, me duele un montón la espalda y el médico me dice que tengo lumbago. ¡Yupi! Todo el año sin una sola baja, y en mi primer día libre lumbago… Tengo que hablar seriamente con mi espalda y explicarle cuándo puede y cuándo no puede ponerse mal…

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