Mi casita de cartón… mía!!

Hace unos días vi en el punto limpio que tenemos en el trabajo una caja de cartón enorme. La caja llevaba escrito en la frente (si tuviera frente) “conviérteme en casa”. Así que plegando como pude y gracias al amplio maletero del Mondeo (odio los coches largos, pero bien por Jose por comprarlo, hay cosas de IKEA que no hubieran cabido en mi Clio) lo adopté y al salón de casa (que ahora es sólo medio salón, la caja es más grande que algunas viviendas mínimas).

He hecho una cocinita y un fregadero a juego. El fregadero tiene hasta agua, por eso tuve que plastificarlo este fin de semana, porque en cuanto Iris descubrió el agua se olvidó de los fuegos, el horno, la casa y de sus padres.

Mi mayor problema con todo esto es que Iris coge rotuladores y pinta la casa, la toca con las manos manchadas y tiene un bello estampado de grasa en las puertas… y no me deja terminar de armar la casa! En fin, me consuela que se divierte con algo que me ha salido gratis, cuando lo destroce, al contenedor de papel y listo…

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En el cole de mayores… o en el orfanato

El miércoles 10 de septiembre Bichín empezó el cole de mayores: una hora en su nueva clase acompañada por mamá. No tuve problemas para pedir permiso en el trabajo porque ¿a quién se le pide permiso cuando el jefe está de vacaciones?

La alegría vino el jueves, cuando me fui a trabajar dejando al padre encargado de vestirla y llevarla. La línea temporal fue la siguiente:
7:45 – La despierto.
8:15 – Me voy al trabajo.
9:15 – El padre se la lleva desnuda a la calle y allí por fin consigue vestirla.
9:30 – Llegan al cole media hora tarde, Bichín entra a clase.
9:32 a 9:40 – La conserje le comenta a José (unas 3 veces) que hay que ser puntuales o tendrá que dar parte y nos mandarán una asistenta social a casa para ver si cuidamos bien de la niña y si no quitarnos la custodia (¿habéis leído el Apocalipsis? creo que lo escribió la conserje).

La primera vez José le explicó que desde las 7:45 la niña no había dejado que la vistieran.

La segunda vez José le respondió que se había enterado perfectamente a la primera, que no hacía falta que se lo repitiera.

La tercera vez José intentó irse por la puerta, pero la conserje le agarraba para impedirlo.

El viernes me llevé a Bichín cuando me iba al trabajo y la dejé en el aula matinal. Y esta semana lo mismo. Pero hay muchos niños de todas las edades, sólo 2 monitores, y ella se queda con una carita de cordero degollado que no sé si volver a intentar dejarla con el padre (que estos días hace presupuestos desde casa) y que él la lleve a las 9. Total, ¿qué es lo peor que podría pasar? ¿que se la lleven los servicios sociales? 😛

Arreglando la mala leche y el hambre

Hoy he venido al trabajo de mala leche, y hemos terminado poniendo canciones veraniegas de finales de los 90 en Youtube. Lo peor no son las canciones, son los vídeos con nivel de vergüenza ajena por encima de lo permitido.

AL: Me están entrando ganas de bailar.

Ana la mala: No te cortes, súbete a la mesa y baila.

AL: Bastante si consigo ponerme de pie… (estoy embarazada de más de 7 meses, con una preciosa sandía por barriga y el ombligo saliente que parece una antena alienígena)

Canción: “siento el fuego en mi interior…”

AL: Yo también, aquí en la boca del estómago… (tengo unos ardores que me autodenomino “aliento de dragón”)

 

Mi mala leche es debida a:

Ayer fui a la matrona y me pasaron 2 cosas:

Primera: como la curva de azúcar me salió dudosa y a la segunda vomité, me tengo que estar pinchando y midiendo el nivel de azúcar, y para ello tengo que estar 2 horas sin comer tras el desayuno (horror), 2 horas sin comer antes de la comida (horror y muerte), 2 horas sin comer después de la comida (horror, muerte y desolación), y lo mismo antes y después de la cena. Si no vuelvo a escribir en el blog, será que he muerto de inanición.

Segunda: la vacuna que me pusieron en la semana 29 de la gammaglobulina (soy Rh-) estaba “pasada de fecha” (creo que les daba miedo decirme que estaba CADUCADA). Vino el director del centro de salud a pedirme perdón y a decirme que me la ponían de nuevo EN ESE MISMO INSTANTE. Con el pánico que le tengo yo a las agujas y sin tiempo para prepararme psicológicamente… Bueno, pues ahora estoy supergammaglobulinada (es más fácil escribirlo que pronunciarlo).

Y para rematar, mis padres han venido para ayudarme con el período de adaptación de Bichín en el cole. Y eso significa tener a 2 personas 24h al día diciéndome: “¿Por qué le dices eso a la niña? ¿Por qué no le dices lo otro? ¿Pero ese vestido le vas a poner? Déjala que coma 5kgs más de natillas, si a la niña le gustan… Pero por qué le ofreces manzana, si ella no tiene hambre… ¿Y esos zapatos le vas a comprar, que no le pegan con el uniforme?” Que me ayudan un montón, y se lo agradezco, pero ya tengo bastante trabajo con la niña como para tener que lidiar con ellos.

Así que paciencia y a disfrutar, que cuando tenga a los 2 bichos fuera de mi tripa sí que voy a ponerme nerviosa… En fin, voy a pincharme para medirme el azúcar y a comer a ver si mejora mi buen humor.

azucar